lunes, 24 de febrero de 2014

LAS MUJERES DEL CARIBE EN LOS HITOS HISTORICOS DE CONSTRUCCION DE CIUDADANIA DE LAS COLOMBIANAS YUSMIDIA SOLANO SUAREZ




LAS  MUJERES DEL CARIBE EN LOS HITOS HISTORICOS DE CONSTRUCCION  DE  CIUDADANIA DE LAS COLOMBIANAS

Por: YUSMIDIA SOLANO SUAREZ[1]


La Ciudadanía, más que derechos políticos

Antes que nada debemos hacer precisiones sobre el concepto de ciudadanía para contraponerlas a la comprensión tradicional de ciudadanía solamente como derechos políticos. Según Mouffe (2001), "…la ciudadanía es un principio de articulación que afecta las diferentes posiciones del sujeto como agente social al tiempo que permite una pluralidad de lealtades específicas y el respeto de la libertad individual…".  Algunas definiciones de ciudadanía son más concretas como la  de Hannah Arendt, para quien "…la ciudadanía es el derecho a tener derechos…" y otras como la de Thomas Marshall (1965), sostienen que "…ciudadanía es un status otorgado a quienes son miembros completos de la comunidad…", la cual se constituye con tres contenidos sustantivos, el civil, el político y el social (Marshall, 1965). En este ensayo adoptamos el concepto de ciudadanía como el derecho  a ejercer y exigir derechos.  Añadiríamos además la acotación  que hace Nancy Fraser (2002), en el sentido que "…Alguna medida de igualdad económica es precondición necesaria para la justa deliberación democrática…", y por lo tanto para el libre ejercicio de una ciudadanía plena.

En  desarrollo de esa precisión,  se ha definido en el “Programa de Acción Regional para las Mujeres de América Latina y el Caribe 1995-2001”, la ciudadanía plena de las mujeres  como "el desarrollo de la capacidad de autodeterminación, de expresión y representación de intereses y demandas, y de pleno ejercicio de los derechos políticos individuales  y colectivos" (CEPAL/UNIFEM, 1995).

Entendida así, se puede afirmar enfáticamente, que "no hay plena ciudadanía para las mujeres del Continente en la medida en que no es efectiva para todas ellas", (CEPAL/UNIFEM, 1995)   y que aún hoy, estamos muy lejos de alcanzarla, a pesar que las mujeres llevamos varios siglos de luchas por superar nuestra condición de subordinación y  sometimiento.

Las mujeres en la historia del Caribe colombiano: Un largo camino por la libertad

No ha sido  la sumisión el tradicional comportamiento de las mujeres de lo que hoy se conoce como el Caribe colombiano, dada la forma particular de  sincretismo de las culturas que convergieron en la composición de la identidad regional.   En la matriz resultante, las mujeres Africanas jugaron un papel fundamental en la recreación de la cosmogonía de sus pueblos en América, como fue el caso de  Juana Estopiñan, negra liberta oficiante de almas, que en 1656, fue sometida a un  proceso por  la Inquisición en Cartagena. El rol de ellas  también fue determinante en la transmisión de la familia extensa, uno de los principales legados africanos a las relaciones de parentesco en América. Las mujeres  y hombres afros se han distinguido por utilizar como estrategia de   lucha contra la esclavización la resistencia física y  cultural, expresada a través de la vocación por el ritmo y la danza, pero también cuando fue necesario se dieron casos de resistencia armada como el protagonizado por la Palenquera Polonia, que en 1581 comandaba un contingente de 250 cimarrones, 150 de los cuales eran mujeres, con lo cual logra negociar entrega  de  tierras  y  promesa  de  libertad con las autoridades españolas.
  
La mujer colonial costeña, era decidida, brava, experimentada y algo rejugada, capaz de acciones heroicas. Características éstas que, según Fals,   dan paso a una expresión muy típica de la cultura costeña la de la mujer brava, cuyo epígono pudo ser la momposina Juana Agustina de Ferreira, ejemplo que siguieron las mujeres de San Martín de Loba cuando detuvieron en La Piedra del Burro a las tropas imperialistas en 1821. Jacinta y Petrona Montero lucharon por la autonomía de Jegua  en 1804; Estanislaa Barón y  Marcelina del Corral en las jornadas de independencia de Mompox, en 1810. Es la demostración de gallardía de Manuela Guerra en el bunde rebelde de Ayapel en 1785 y la de Sor María del Perpetuo Socorro con los negros de Uré[2].

Cabe recordar también a la heroína banqueña Carolina Suárez, quien realizó una acción de espionaje sobre las fuerzas  realistas acantonadas en El Banco en 1811, para avisarles a  los soldados momposinos sobre el ataque, lo que determinó el triunfo de las fuerzas patrióticas, a la jefa guerrillera Matías Toro en la guerra de los Mil Días y a las mujeres banqueñas que conformaron en 1910, la Sociedad Patriótica de Señoras,  que tuvo como fundamento la acción cívica entre la población[3].

Mujeres en las Gestas por los Estados soberanos del Caribe

Durante las luchas de Independencia, las mujeres que dejaban su casa para seguir a los soldados durante las campañas de guerra eran  “las llamadas Juanas, cholas o seguidoras de campamento, que  eran generalmente mujeres del pueblo, clase media y  mestizas,  quienes como  esposas, amantes, amigas  y compañeras de  los soldados rasos, sufrían sus triunfos y sus amarguras. Continuando con esta tradición, después de la independencia, varias de  estas Juanas   parten  con el supremo Carmona  en 1840, en su lucha por los Estados Soberanos del Caribe,  provenientes de Ciénaga, Santa Marta, Barranquilla, Tenerife, San Zenón hasta   Mompox, donde llegaron en balsas[4] para acompañar a las tropas.

Juana Julia Guzmán: Radicalidad Popular Emergente

Dada la necesidad de defender los interese populares ante el Estado violento y militarista,  representante de la represiva Constitución de 1886, Vicente Adamo, socialista italiano empezó a organizar a los artesanos de Montería en 1918.  Juana Julia Guzmán hace parte de  las mujeres que lo respaldaron [5].

Juana Julia  Guzmán[6] nació en Corozal (Sucre) en 1892,  pobre,  y sin poder ir a la escuela, trabajó desde niña como clasificadora de hojas de tabaco. En 1916 se trasladó al Sinú donde conoció al socialista Vicente Adamo,  comprometiéndose  con sus ideas  y con su amor.  En 1918 fue cofundadora de la Sociedad de Obreros  y Artesanos de Córdoba y del Baluarte Rojo de Lomagrande en Montería. Este baluarte tuvo celebridad  por las triunfantes experiencias de insurrección campesina,  en donde se consiguió el reparto de tierras, lo que llevó a que la apodaran la robatierrra. El éxito propició la imitación de  procesos parecidos en diferentes sitios del país.  En 1919 impulsó la creación de la Sociedad de Obreras de Redención de la Mujer y fue elegida como primera presidenta.

Otras mujeres bailadoras de fandango, lavanderas, fritangueras, vendedoras, cocineras, como Pacha Ferias, Agustina Medrano, Antonia Espitia, Marcelina Agámez, Mercedes  Vidal,   María  Barilla,   Josefa  González,   la Mella  Lorana   acogieron   su convocatoria y participaron con entusiasmo  en el proceso colectivo  de establecer el Hospital Socialista, una Escuela Obrera y una Biblioteca Popular. Juana Julia fue gerente de tres baluartes de Córdoba desde 1927, fecha en que Adamo fue expulsado del país,  y ella asumió la dirección hasta 1951, cuando la violenta persecución a que fue sometida la obligó a quedarse en Montería, sin poder regresar a Lomagrande.

Apoyó campañas feministas, antialcohólicas y de democratización del trato personal, luchas por el establecimiento de las 8 horas para los trabajadores (8 de  educación, 8 horas de descanso  y 8 horas de trabajo) abolición de la matricula de propiedad y otros abusos de la tenencia de la tierra,  y apoyó siempre la organización de mujeres, campesinos y obreros, entre ellos a los comités de mujeres de la ANUC, en los años 70. Murió a los 85 años, en 1975.

María Barilla: Dignidad y Alegría al Son del Porro        

Según Fals Borda, “una personificación y símbolo importante  de la diversión sinuana  y de su  gran fandango es la bailadora Maria Barilla (1887-1940), humilde lavandera y planchadora de Montería de origen triracial quien actuó en esa ciudad  y pueblos cercanos con una nutrida corte de cantadoras y cantadores, copleros, decimeros y músicos campesinos mestizos que dieron forma y estilo a una bella, dinámica y productiva institución de música y danza: la del porro” [7].

A María Barilla se le respetaba y veía como una señora trabajadora. Para su tiempo era una mujer liberada, sin los prejuicios y mojigaterías de la sociedad. Tuvo actos de humanitarismo, comprensión social y espíritu público.  Como lavandera profesional fue miembro de la sociedad de Obreras de la Redención de la Mujer que presidía Juana Julia Guzmán, La combinación de su compromiso social con su alegría y capacidad de goce, expresada  en  su  exquisito,  rítmico  y  majestuoso  baile,  hacen  de  esta  mujer un símbolo de la mujer sinuana y por extensión de la mujer popular costeña.   Ella fue propagadora y  partícipe de  grandes gestas libertarias triunfantes de los oprimidos de las sabanas de Sucre y Córdoba y protagonista principal de la creación y extensión del porro como música candenciosa, vivencial y  melodiosa, a toda Colombia.  

Las Mujeres de Perrenque

Las mujeres que colectivamente primero pudieron romper con las fuertes ataduras de su rol en  la familia fueron aquéllas que empezaron a desempeñar funciones u oficios por fuera del espacio doméstico, aún cuando sus actividades estuvieran referidas a éste como es el caso de las lavanderas, fritangueras, planchadoras, que ejerciendo labores de reproducción, ya no lo hacían solamente para sus propias familias sino para obtener ingresos propios. La extracción popular de estas mujeres además, garantizaba que no fueran tan dependientes de los prejuicios sociales, como sí lo eran las mujeres de clase media y alta de estos pueblos de la  provincia. Son las autodenominadas mujeres de perrenque, que en el municipio de El Retén, en ese entonces corregimiento de Aracataca, Magdalena, protagonizaron en los años 70 una bella historia de capacidad de lucha por la tierra, en la que fueron las únicas de todo el movimiento campesino de la época que lograron recuperar para ellas y sus familias parte de las fincas que la United Fruit Company había entregado al Incora para su distribución y de las cuales se apropió la elite rentista de ganaderos del Magdalena, en la llamada zona bananera.

El Incora no las quiso titular porque las mujeres no eran sujeto de reforma agraria, lo que obligó a las que no tenían maridos a escriturar las tierras a  nombre de hombres que les hicieron el favor de prestarse para ello, pero que después se quisieron quedar con ellas. Afortunadamente su resistencia y capacidad de negociación lo evitó. A finales de los años 70 son mujeres de la clase media, maestras y  universitarias principalmente, las que  conforman los grupos feministas de la época, en Barranquilla, Cartagena, Sincelejo, Montería, y Ovejas (Sucre) que emulaban a los existentes en las grandes ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. Pero a diferencia de lo que ocurrió en esas ciudades, aquí no se alinearon con el feminismo radical ni con el feminismo liberal sino con el feminismo socialista.

Tres Hitos en la Historia por la ciudadanía de las Mujeres en Colombia

Al Haberse cumplido el 25 de agosto de 2004, cincuenta años de haber obtenido las colombianas el derecho al voto, es pertinente recordar que las mujeres hemos desarrollado en la historia del país procesos de democratización y de auto-institución de ciudadanía trascendentes, que nos permitieron ganar derechos significativos aun cuando  todavía  hoy estos sean esquivos en su aplicación a muchas mujeres del país. Entre estos hitos  vale la pena destacar:

1.    El proceso por  los derechos civiles y políticos, que va de 1930 a 1945
2.    La participación de las Mujeres en la lucha por una nueva constitucionalidad y por la inclusión de los derechos específicos de las mujeres en la Constitución de 1991 y su posterior reglamentación, que va de 1988 a 1998.
3.    El proceso por la Negociación política del conflicto armado y la búsqueda de la paz que se fortalece a partir del año 2000 y que aún  hoy continúa.

El proceso por  los derechos civiles y políticos

Desde 1930, se dio un trabajo intenso y tesonero de una corriente de mujeres de clase media y alta, llamadas sufragistas, que logran que se aprobara en 1932 la ley 28 que otorgaba a las mujeres el derecho a administrar sus propios bienes (Jaramillo, 1982) y que condujo, después a la obtención  de otros derechos relacionados con el derecho a la educación superior y finalmente  a la conquista del  derecho al voto en 1954. Mujeres de los principales centros urbanos del país en esa época participan del movimiento, entre ellas el Sindicato de Obreras de Barranquilla. Esta participación es de destacarse porque al contrario de lo que pasaba en otras regiones del país, en la costa Caribe fueron mujeres populares las que abanderaron estas luchas, como había sido la tradición desde los años 20 cuando María Barilla y Juana Julia Guzmán organizan la  Sociedad de Obreras de Redención de la Mujer, como ya reseñamos.   

Como la historia del sufragismo colombiano esta documentada, aunque sigue siendo desconocida, no repetiremos esa parte que hemos abordado en otros textos, pero si nos interesa insistir en el segundo hito.

La Participación de las Mujeres en la lucha por  una Nueva Constitucionalidad[8]

En el proceso emprendido por múltiples sectores democráticos, en el que se destacaron los jóvenes, por la reforma constitucional, se evidencia la movilización beligerante  de las mujeres en la lucha política para influir en el diseño y elaboración de la nueva Constitución Política de Colombia  de lo cual tenemos como resultado la inclusión de derechos de las mujeres en su texto y luego su posterior reglamentación.

A finales de la década de los 80, las  iniciativas  que  desplegaron  las  mujeres  en  todo  el  país en campaña por una nueva constitucionalidad  permitió  su  reconocimiento público como protagonistas de los cambios que produjo la convocatoria y luego el funcionamiento  de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC).  La participación del Colectivo de Mujeres de Bogotá, en el  proceso por una  Constituyente se manifestó  desde el principio con la recolección de firmas en forma masiva para lograr su convocatoria y cuando finalmente la ciudadanía votó afirmativamente por esta opción, se hizo  presión  para lograr influenciar en su contenido  a partir de la propuesta de reforma constitucional que en marzo de 1988, diecisiete organizaciones de mujeres habían elaborado en las sesiones de la instancia que se llamó “Mujeres  por la Reforma Constitucional”.

Posteriormente  se conforma la confluencia "Mujeres por la Constituyente" que contó con una amplia participación de casi todos los grupos existentes en Bogotá y preparó la intervención de las mujeres en el Primer Congreso Pre-Constituyente, en donde participaron todos los movimientos sociales, en julio de 1990,  que fortaleció al Movimiento Nacional por una Constitución Política democrática;  subsiguientemente   se   impulsó  la  Mesa   de  trabajo  de  Mujeres  por  una Nueva Constitucionalidad, instalada el 19 de octubre  de 1990.

La creatividad de las mujeres en todo el país  para promover sus ideas  se puso en evidencia y fueron múltiples las manifestaciones que se dieron en torno al proceso. Vale resaltar que en la región diferentes grupos de mujeres organizan en Montería el Primer Encuentro Regional de Mujeres impulsado por el Comité de Mujeres de Córdoba, el 5 de octubre de 1990, donde presentan una ponencia llamada “La Evolución constitucional del país vista por las mujeres”, en la que manifiestan su decisión de apoyar a la A.N.C. una lista única de mujeres.

Al realizar una síntesis del contenido de las propuestas de las mujeres a la ANC se puede establecer que se formularon  alternativas no sólo para las mujeres, sino para la sociedad en general. Según el resumen de Tamayo (1996),  “…se  partía de una nueva concepción de democracia, más allá de una forma de gobierno, relacionada con nuevos estilos de relaciones interpersonales,  basados   en   el  respeto  por   el   otro - otra,  en  el diálogo,  en la posibilidad de disentir y de ser diferente. Por ello se levantó la consigna de DEMOCRACIA EN EL PAIS Y EN LA CASA  y  la  participación  equitativa de la mujer en las instancias de decisión política, económica, social y cultural de la nación  con el fin de asegurar el ejercicio pleno de la ciudadanía.

Durante el funcionamiento de la Constituyente se publicaron avisos con las propuestas de las mujeres como el aparecido en el Tiempo, “Sin los derechos de la Mujer la democracia no va[9] y se promovió un intenso cabildeo con los Constituyentes. Pero lo más importante fue que los resultados de toda la experiencia de trabajo previa permitió que existiera el clima propicio para que por iniciativa de grupos de mujeres de Cali en mayo de 1991 se conformara la Red  Nacional  “Mujer y Constituyente”, integrada por 70 grupos de mujeres de todo el país.

Esta Red recogió las propuestas que habían sido ganadas antes y las promovió durante los 5 meses de funcionamiento de la Constituyente.  También se ejerció  presión de parte del Cabildo Nacional de Mujeres,   organizado por el Movimiento Popular de Mujeres (26 de mayo de 1991, en Bogotá),  las movilizaciones de mujeres campesinas promovidas por la  Asociación Nacional de Mujeres Campesinas e Indígenas de Colombia, ANMUCIC,  y el apoyo y  las negociaciones de mujeres de varios sectores, todo lo cual incidió para que  los constituyentes  se decidieran a incluir  algunos artículos a favor de las mujeres en la nueva Constitución, como  expondremos a continuación.

Por primera vez, los derechos de las mujeres en la Constitución

Los  artículos de reconocimiento de derechos  a las mujeres están referidos al principio  de la igualdad, (artículo 13); el reconocimiento expreso de que la mujer no puede ser víctima de discriminación, y la protección a la mujer cabeza de familia, (artículo 43);  el derecho político a tener acceso a una adecuada y efectiva participación en las instancias de decisión del Estado, (artículo 40);  el reconocimiento a la igualdad de derechos y deberes de la pareja en las relaciones familiares, la condena a cualquier forma de violencia intrafamiliar y  el derecho de la pareja a decidir sobre el  número de hijos a tener, (artículo 42), y  la protección especial a la maternidad,  (artículo. 43 y artículo  53).

En la reglamentación de estos artículos, se dieron  avances en los gobiernos de Gaviria (1990-1994) y Samper (1994-1998) y retrocesos en los de Pastrana (1998-2002) y Uribe (2002-2006), por lo cual no se ha consolidado la promulgación de políticas públicas a favor de las mujeres como políticas de Estado, sino que estas dependen del criterio del gobierno de turno. Pero los  efectos perversos más degradantes de la situación de las mujeres son aquellos producidos por la guerra de más de 50 años que vive el país, pues impiden el ejercicio real de la condición de ciudadanas, limitando los efectos positivos de las políticas de reconocimiento. Las mujeres seguimos siendo objeto de la utilización patriarcal en la vida cotidiana y en la guerra somos tratadas como botín o trofeos de guerra, reales o simbólicos por parte de todos los actores armados.

El proceso por la Negociación política del conflicto armado y la búsqueda de la paz.

Como respuesta al deterioro de las condiciones de vida, el escalamiento del conflicto armado, y el retroceso en las políticas para las mujeres, se ha producido en los últimos años (a partir del año 2000) una dinámica de oposición a la guerra y propuestas de paz democrática y con justicia social y de género, por parte de las organizaciones de mujeres, que ha permitido afrontar los riesgos  de movilizarse por los campos y carreteras del país,  para converger en la Marcha del 25 de julio de 2002, en la cual más de 40.000 mujeres provenientes de campos y ciudades protagonizaron una de las movilizaciones más significativas contra la guerra;  posteriormente se realizó la marcha contra las fumigaciones el 25 de Noviembre de 2003 al Putumayo. Mención aparte merece la Constituyente Emancipatoria de Mujeres realizada entre el 25 al 29 de noviembre de 2002, que refrendó la Agenda de  Mujeres por la Paz.  Esta agenda  contiene doce puntos que constituyen un pacto de las mujeres colombianas para buscar la salida negociada al conflicto armado interno,  pero también acuerdos básicos para promover el accionar del movimiento de mujeres como sujeto político colectivo, con autonomía de pensamiento y delimitación de intereses, que propende por su propia participación y representación en los procesos que definan el porvenir de este país. La Constituyente de Mujeres sigue viva, como han reconocido muchos analistas políticos y este año realizará su tercera plenaria nacional en noviembre.

En el estado actual del conflicto, las mujeres son violadas, usadas como objetos sexuales y obligadas a  realizar oficios domésticos a las tropas y asesinadas cuando se niegan a los requerimientos  sexuales o de cualquier tipo. Las principales víctimas por supuesto,   no son  las mujeres que viven en las urbes  sino las mujeres rurales, campesinas mestizas, afrocolombianas e indígenas que viven en las zonas marginales, donde es más intenso el conflicto. Se ha recrudecido la esclavitud sexual y  doméstica, que es perder la autonomía para definir sobre el propio cuerpo y la propia vida, regresando a condiciones de sometimiento personal que hablan de formas de esclavitud sexual y doméstica.

El Desplazamiento Político,  Negación de la Ciudadanía

Pero la consecuencia  más grave del conflicto armado interno para la población civil que no muere, es el desplazamiento interno forzado, situación que hoy padecen  cerca de dos millones de colombianas y colombianos y que hace algunos años era un fenómeno masivo y que hoy se da a cuentagotas, pero sigue existiendo.  El desplazamiento o desarraigo coloca a las víctimas en condiciones  de indefensión física, moral, sicológica y de derechos peor que las que ocasiona un desastre natural.  En nuestro caso el cataclismo que rompe el tejido social existente es la guerra. 

El fenómeno representa la negación a todos los derechos adquiridos por las ciudadanas y ciudadanos en Colombia.  No se puede hablar de ciudadanía plena ni siquiera de ciudadanía a secas cuando todo lo que se es, se tiene, se cree  y se valora es puesto en cuestión por la violencia política, agenciada por representantes de intereses nacionales e internacionales quienes son los únicos que  pueden ejercer lo que se denomina  ciudadanía  global.

En cambio, en el caso de las y los desplazados, estaríamos hablando de ciudadanía restringida, situación en la que se presentan limitaciones a  la capacidad de exigibilidad de los derechos, aún teniendo el status jurídico,  en este caso como consecuencia del sometimiento por la fuerza y la expoliación de las propiedades y cultura de la población desplazada por parte de los agentes nacionales e internacionales de la guerra. En Colombia no existen todas las garantías por parte de la institucionalidad establecida para proteger el ejercicio de los derechos legales de ciudadanas y ciudadanos, especialmente los del sector rural.

Tesis para debatir

1. La ciudadanía de las mujeres, pese a todos los avances legales se ha configurado en un estado permanente de guerra, que hasta ahora solo ha permitido avances dispares en cuanto a la titularidad de derechos y apenas empieza a ser el espacio para la autoinstitución de ellas como sujetas de derechos, que configuren uno de los sentidos y razón de ser de la vida colectiva. Hemos vivido 50 años de ciudadanía en medio de 50  años de guerra. En tanto los cuerpos y las decisiones vitales sobre nuestras vidas  continúen atadas a la dominación capitalista patriarcal, nuestra ciudadanía es incompleta y la democracia asimismo esta viciada por la frágil  ciudadanía de las mujeres.

2.  Históricamente en la Costa Caribe colombiana  las mujeres de los sectores populares se han  comprometido más decididamente con  los procesos de lucha por su constitución como ciudadanas, señalados en los tres hitos que mencionamos anteriormente, que las mujeres de clase media y alta, que si lo han hecho en otras regiones del país.

3. La ciudadanía plena de las mujeres  entendida, repetimos,   como  "el desarrollo de sus capacidades de autodeterminación, de expresión y representación de intereses y demandas y el pleno ejercicio de los derechos políticos individuales  y colectivos", no se garantiza tampoco en Colombia, actualmente  bajo un régimen de cultura autoritaria y ciudadanía subordinada, como el que se puso en marcha con el Plan de Desarrollo 2003-2006 “Hacia un Estado Comunitario”.

4. El fenómeno del desplazamiento interno forzado representa la negación a todos los derechos adquiridos como ciudadanos y ciudadanas. Esta población vive en la práctica una ciudadanía restringida, por cuanto afronta restricciones en  la capacidad de exigibilidad de sus derechos, aún teniendo el status jurídico. Sin la garantía de exigibilidad,  la  ciudadanía de todas y todos está en cuestión.

5. La vigencia de los derechos humanos y la aplicación del Derecho  Internacional Humanitario,  son condiciones necesarias frente a la crisis  humanitaria que padecemos. Aplicarlos urgentemente hace parte del establecimiento del Estado Social de Derecho que nunca ha existido para la mayoría de hombres y mujeres de este país.

Cartagena, 3 de agosto de 2005.



[1] Investigadora Social. Magister en Economía Agraria. Especialista en Género y Políticas Públicas, Diplomada en Planificación del desarrollo Regional.  Coordinadora MAESTRIA EN ESTUDIOS DEL CARIBE de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE CARIBE. San Andrés.

[2] Fals Borda, ibid.  Pág. 39 b.
[3] Chajín, Miguel y otros. Una ilustración Regional: la depresión monposina. En: La Insurgencia de las Provincias. Fals Borda Orlando. IEPRI. Universidad Nacional. Siglo XXI editores. Bogotá, marzo de 1983. Pág. 133-134.
[4] Fals, Borda Orlando. Historia Doble de la Costa. El Presidente Nieto. Tomo II. Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1986. Pág. 66 A.
[5] Fals Borda, Orlando. Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la Tierra. Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1986. Pág. 143 A.
[6] Ibid, Pág. 143 A y siquientes.
[7] Fals Borda, Orlando. Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la Tierra. Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1986. Pág. 131 B y 132 B
[8] Esta parte es resultado de la reelaboración de la autora del Capítulo 8 de la Investigación  REGIONALIZACION Y MOVIMIENTO SOCIAL DE MUJERES: PROCESOS EN EL CARIBE COLOMBIANO"  realizada en Santa Marta, en el año 2002 por Solano con la colaboración de  Durán y  Madera. Inédito.
[9] El Tiempo, 28 de Abril de 1991, Bogotá. Pág. 13. 

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